Rosa América de Anaya
(1952, San Salvador-2020, San Salvador)

Chita, Mama Chita, abuelita todóloga, bailarina, chef, administradora, inversionista, coleccionista de joyas, resolvía todos los problemas… Su familia, su mayor orgullo, la recuerda feliz, cargada de luz y energía, increíble.

Rosa América falleció en algún lugar del cielo entre San Francisco y San Salvador, mientras volvía de ver a uno de sus cuatro hijos, partiéndole el corazón a muchos. Su amor y fortaleza ahora trascienden los espacios y unen su familia, a pesar de la distancia.

Una de sus nietas, recuerda: “Mi Mama Chita, y Papa Gil, mis super abuelos, iban por mí al kinder. Mama Chita me esperaba a la salida puntual para que yo no esperara ni un ratito: llegaba, con dos peinetas que cada día variaban de color, una a cada lado de su pelo negro y colocho, collar, al menos más de dos anillos y una pulsera, pintalabios rojo, nítida! Entonces me subía al pickup con mi lonchera y al segundo, prodecía a quitarme la chonga de mi pelo colocho, que era como el de ella, y andar despeinada si así lo quería, (eso no se podía con mis papás), luego me quitaba las calcetas que me apretaban las piernas, después el pañuelo que me colgaban con un ganchito a la gabacha. Entonces comenzaba la travesía que era siempre corta a comparación del gran premio, así que no importaba el calor o el tráfico del mediodía, pasábamos por la Gabriela Mistral hasta el Mercado Tineti, donde mi abuela me bajaba y se adentraba en esos pasillos olorosos, saludando a medio mundo, compraba algunas frutas, las metíamos en su canasta (de esas de plástico que hoy están tan de moda), un poco de carne, algunas especies en bolsitas (selladas quemando el borde de la bolsa con un encendedor) y finalmente al puesto del gran premio, en donde me compraba una bolsa de horchata (con agua que quizás ahora sea de dudosa procedencia pero que antes no te atrevías a cuestionar). Ya allí ella pedía un fresco de ensalada para ella y Papá Gil. Volvíamos al pick up, en donde nos esperaba mi abuelo pacientemente para irnos a casa a jugar de ponerme todos sus collares, aritos, pulseras, a pintarle las uñas y jugar con los varios gatos que me consiguió pero que saber que se hacían.
Fui afortunada en conocerla y ser amada por ella.”

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